Contra expectativas y prejuicios sociales, un padre con síndrome de Down se convirtió en un ejemplo de paternidad basada en el amor, la constancia y el compromiso, demostrando que la crianza no depende de etiquetas, sino de valores y dedicación.
A lo largo de su vida, este padre trabajó, se mantuvo presente en cada etapa y acompañó de forma activa el crecimiento de su hijo, brindándole apoyo emocional, disciplina y confianza. Gracias a ese entorno, el joven creció sintiéndose valorado y con la seguridad necesaria para aspirar a grandes metas.
Esa base sólida permitió que su hijo, Sader Issa, concluyera sus estudios y avanzara hasta su formación médica, rompiendo estereotipos y enviando un mensaje claro sobre el impacto del acompañamiento familiar en el desarrollo personal y profesional.
Hoy, Sader reconoce públicamente a su padre como su mayor inspiración y ejemplo de vida, destacando que el amor, la perseverancia y la creencia en uno mismo pueden definir el futuro con más fuerza que cualquier prejuicio social.